martes 10 de noviembre de 2009

El retrato de Dorian Gray

Terminé de leer El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde.

Más allá de los recuerdos de infancia sobre la película de Albert Lewin, protagonizada por Donna Reed, Angela Lansbury, Hurd Hetfield y George Sanders, y que se refieren exclusivamente al momento en que es mostrado el horrendo retrato de Dorian Gray, la novela ha supuesto un nuevo reencuentro con un clásico de la literatura, espacio de las letras en el que me siento más a gusto.

Escrito de manera magistral, Oscar Wilde, con el cinismo ácido de quien se sabe impropio de la época en la que le tocó vivir, nos describe una sociedad inglesa hipócrita, superficial, cruel, tétrica y colorida a la vez; espléndida en sus detalles en todo caso.

De la mano de su protagonista, Dorian Gray, quien cautivado por la belleza de su propia juventud, pacta con el diablo por conservarla a cambio de la bondad de su alma, y de Lord Henry, guía espiritual de aquél, personaje cínico donde los haya, Wilde nos invita a recorrer el proceso de corrupción de un ser humano adicto al placer de los sentidos como medio para lograr la plenitud personal.

El texto está plagado de sentencias y una filosofía de la vida, fundamentalmente de labios de Lord Henry, que hoy sería tachada, al menos, de políticamente incorrecta, pero que adquiere su sentido si pensamos en las inquietudes (por llamarlas de algún modo) que la condición de homosexual de Oscar Wilde le hizo sufrir, tormento que reflejó de una u otra manera en sus escritos.

Una gran novela sobre el conflicto humano, que resulta intemporal o, lo que en mi opinión es lo mismo, eternamente actual.

sábado 24 de octubre de 2009

La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina

Terminé de leer La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, de Stieg Larsson.

Yo también he caído en las redes de Lisbeth Salander y Mikael Blomkvist. Y estoy encantado. Resulta ser de esos best sellers que además responden a una calidad, siempre desde mi punto de vista, notable. Personajes potentes, con los que es fácil y emocionante sentirse identificado; antagonistas que cumplen su función con la perversidad espectacular requerida; una narración fluida, muy visual, completa en sus detalles y una trama llena de intriga, giros inesperados, tensión. Lo tiene todo.

El primer volumen no lo leí. En su lugar, vi la película. Me enganchó por completo, tanto que me lancé a por el segundo tomo y me di prisa para leerlo antes del extreno de la segunda parte en los cines. Estoy impaciente por ver la película y por emprender la aventura de leer el tercer volumen.

Resulta ser de esas veces que estoy encantado con un best seller. No son muchas. Si aún no lo han leído, no pierdan más tiempo. Háganse con la trilogía y vivan una trepidante aventura por tierras suecas.

jueves 15 de octubre de 2009

Medea

Terminé de leer Medea, de Eurípides.



Una de las más importantes tragedias de Eurípides. Una obra cruel y dura sobre pasiones descontroladas, celos, odios y rencores, en los que las decisiones que toman sus personajes desencadenan consecuencias trágicas.

Medea, mujer implacable, herida en su orgullo al ser repudiada por Jasón, decide vengarse del modo más cruel, asesinando a los hijos de ambos, a la que será mujer de Jasón y a su futuro suegro. Y lo hace sin mostrar remordimientos, por despecho, porque será así como más daño hará al que es padre de sus hijos.

La naturaleza humana es implacable, nos muestra Eurípides. Una madre mata con sus propias manos a sus hijos y ello no es antinatural, sino muy humano. Es cosa de la pasión. Pasión que Medea derrocha en cada uno de sus actos. Personaje, por tanto, pleno, intenso, duro e impactante, convertido en arquetipo por el autor griego, resulta ser bastante más actual de lo que a todos nos gustaría (sólo hay que leer la página de sucesos de cualquier periódico).

Es una lectura imprescindible.

miércoles 30 de septiembre de 2009

Sobre la lectura

Terminé de leer Sobre la lectura, de Marcel Proust.

Que Marcel Proust es uno de mis autores preferidos, ya os lo digo yo. Que además me identifico a la hora de escribir con su estilo, también os lo digo. Que este breve ensayo, que en su día fue prólogo de una obra de otro autor que ha quedado oscurecido por el prologuista, merece la pena ser leído si te consideras lector, es evidente.

En esta ocasión, Proust nos desvela su amor por la lectura desde la infancia, y nos recrea las diferentes situaciones en las que, eludiendo el contacto con otros de sus semejantes, se escondía para deleitarse con la lectura de los clásicos. Fiel a su estilo, Proust teje su discurso con numerosas frases que se subordinan progresivamente, elaborando enormes párrafos sin puntos y aparte, tal es de denso su discurso. Sin embargo, su alcance es profundo y meditado. Muchas de sus frases podrían convertirse en citas, algo que no le gustaba demasiado, no tenía muy buena opinión de los eruditos.

Pero si nos habla del goce de la lectura, también nos previene de sus peligros. Así, nos dice: "Mientras la lectura sea para nosotros la iniciadora cuyas llaves mágicas nos abren en nuestro interior la puerta a estancias a las que no hubiéramos sabido llegar solos, su papel en nuestra vida es saludable. Se convierte en peligroso por el contrario cuando, en lugar de despertarnos a la vida personal del espíritu, la lectura tiende a suplantarla...".

En definitiva, se trata de un hermoso ensayo sobre el placer de leer, lo que, de la mano de un escritor como él, supone no sólo un apreciable consejo, sino una envidiable vocación. Lo dicho, vivid la aventura de leer.

domingo 27 de septiembre de 2009

El Extranjero

Terminé de leer El extranjero, de Albert Camus.

Una novela fabulosa, escrita con maestría. Logró que me fundiera totalmente con Meursault, el protagonista, un joven sin rasgos físicos definidos por el autor, lo que le convierte o puede convertir en cualquiera, sin duda, con plena intención de Camus.

Dentro de la piel del joven me encontré un individuo incapaz de mostrar sentimientos aunque pudiera resultar doliente en algún momento; apático aunque acumulara gran energía; silencioso aunque supiera muy bien qué tenía que decir. Inmerso en una situación que, producto del azar y de su aparente ausencia de capacidad de control del mundo circundante, le lleva a cometer un grave crimen, Meursault ausculta esa misma situación como un espectador ajeno a la trama, a pesar de que las consecuencias para su pellejo pueden ser definitivas.

Quizá, Camus tratara de mostrar al hombre del fututo, alienado, resignado, insensible, implacable. Si tal fue su deseo, lo logró a conciencia. En cualquier caso, se disfruta de literatura en grado máximo.

Una novela impecable.

martes 22 de septiembre de 2009

París era una fiesta


Terminé de leer París era una fiesta, de Ernest Hemingway.

Me encontré con una lectura viva, muy agradable y, sobre todo, optimista, a pesar de las penurias que relata Hemingway sobre los tiempos de su residencia en la capital francesa en los años veinte.

Pasó hambre, frío y privaciones y, sin embargo, nos habla de una vida feliz, abriéndose camino en el mundo de las letras, una vez abandonado el periodismo para ser escritor profesional, compartiendo existencia con su esposa y anécdotas con cuantos escritores contemporáneos tuvo la fortuna de conocer y amistarse.

Dan ganas de empadronarse en París, gozar de su vida bohemia y apostar en las carreras de caballos, aunque no se sepa francés, los cafés sean modestos y no se tenga dinero ni ánimos para apostar en el hipódromo, con tal de simular su modo de vida en tan bella ciudad y aprender de los compañeros de letras que fueron sus amigos.

Una envidia y un hermoso texto.

lunes 31 de agosto de 2009

Demian

Terminé de leer Demian, de Hermann Hesse.

Preciosa novela sobre el viaje interior de un joven que acaba descubriendo su camino entre todos los posibles, un sendero duro y peligroso como es el del autoconocimiento, de la mano de un guía espiritual, Demian, personaje del que llego a dudar su existencia de tan ideal que resulta.

Escrita con la maestría de Hesse, la novela se lee en un suspiro y me conmovió, me movió con ímpetu y osadía a tratar de ser sincero conmigo mismo.

Imprescindible, pero no apta para éxtrovertidos que busquen aventuras fuera de la mente inquieta, que se atormenta al explicar por qué se es como se es y qué será de uno.