viernes, 29 de octubre de 2010

Historia de la vida del Buscón

Terminé de leer Historia de la vida del Buscón, de Francisco de Quevedo.

Casi me da un poco de vergüenza hacer una crítica, por benevolente que sea, de un libro de Quevedo. Me suena tan pretencioso que reconozco que no ha lugar. No más tengan vuesas mercerdes esta historia de pícaros por inteligente a más no poder, rebosante de un ingenio que ya quisiera para sí cualquier aspirante a escritor y exhibe un dominio de la comparación como no hubo ni creo que habrá.

No es que la recomiende, es que es fundamental. Y además, te ríes una hartura.

domingo, 24 de octubre de 2010

La invención de Morel

Terminé de leer La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares.

Novela corta rebosante de imaginación y talento. Narrada en primera persona por un prófugo de la justicia, condenado a cadena perpetua, que se esconde en una recóndita isla. Allí tratará de permanecer oculto ante sus habitantes que, poco a poco, le mostrarán que no son personas normales, que hay algo fantasmal en ellos. Preocupado por sobrevivir a las duras condiciones de la isla y por rehuir a los extraños, acabrá enamorándose de una de esas presencias, lo que le impulsará a descubrir su esencia y su secreto.

Fabulosa fábula sobre el deseo del ser humano de ser inmortal. Deliciosa.

miércoles, 13 de octubre de 2010

El Danubio

Terminé de leer El Danubio, de Claudio Magris.

Un libro de viajes que, a la vez, es un viaje a través del tiempo siguiendo el curso de un río que nace en Alemania, atraviesa Austria, Hungría, Eslovaquia, Yugoslavia, Rumanía y Bulgaria, delimita además con las fronteras de Croacia, Serbia, Moldavia y Ucrania, para entregarse en brazos del Mar Negro, después de 2850 km de recorrido.

Un libro que es novela, relato, historia, ensayo y, por supuesto, libro de viajes.

Escrito por Magris, que se define como un germanista especializado en literatura danubiana, parece ir caminando desde el conflictivo nacimiento del río hasta su desencantada desembocadura en un puerto custodiado por militares, al autor le da tiempo a observar cada recodo del curso, a conversar con sus gentes, a catalogar sus especies, a leer todos los libros que tratan sobre él o que por él fueron inspirados, a recordar todas las historias, las de mayúscula y las de minúscula, que se bañaron en sus aguas.

Como una parábola de la verdadera vida, desde el nacimiento a la muerte, con todas sus contradicciones y sus pasiones intermedias, con sus avances y retrocesos, con sus decisiones y dudas. Un viaje que es una aventura, lo que se me antoja redundancia. La prueba de que la geografía no es excusa para la separación sino para todo lo contrario.

Y un libro donde se habla, sobre todo, de literatura.

Dice Magris:

La literatura se siente atraída por las bajezas y por los desechos, que no se perfilan como miseria a redimir, sino más bien como rincón en el que se ha refugiado un encanto desvanecido. Los viajes hacia las profundidades, desde los de Jules Verne hasta los más modestos de Sussi y Biridissi al fondo de los armarios, son más fabulosos que los demás, porque se adentran en el grumo más oculto e inaccesible, el mítico centro del fuego, que recuerda las eras en que la tierra era una bola incandescente, o los descartes de la existencia, que ya no volveremos a ver.

Eso es este viaje con forma de libro. Un viaje a lo profundo. El río Danubio es sólo una excusa.

Muy recomendable.

martes, 5 de octubre de 2010

Campo Santo

Terminé de leer Campo Santo, de W. G. Sebald.

Después de la aventura de leer anterior, necesitaba volver a un valor seguro. Mi salud literaria lo precisaba. Y para mí pocos valores más seguros hay que Sebald, el autor de Austerlitz (una obra maravillosa en todos los sentidos) o Los anillos de Saturno.

Campo Santo es el último libro editado de Sebald, quien en el año 2001 falleció en accidente de coche. Reúne diferentes textos en prosa y una serie de ensayos literarios, todos escritos con una fluidez envidiable, de la que no me avergüenzo en declararme celoso.
Qué gran observador ha tenido que ser Sebald para plasmar lo que ve en el papel con una sencillez y, al mismo tiempo, una rotundidad tan notable. Envidiable su cualidad de viajero de los de verdad, de los que van andando, pues sólo así se alcanza a penetrar en el paisaje por el que se transcurre, empapándose de las gentes, de sus obras y de sus emociones.
En este volumen encontramos textos sobre su viaje a Ajaccio, en Córcega; un paseo por el camposanto de Piana; ensayos sobre la pieza Kaspar, de Peter Handke, sobre Navokov, o sobre la literatura alemana después de la Segunda Guerra Mundial, entre otros.

Y nos deleita con frases como:
"... como ninguno de nosotros puede vivir en silencio, sólo para sí, y todos hemos de tener siempre por delante algo más o menos importante...", frase que parece escrita para mí, o, hablando de tumbas:
"Normalmente se hacen rodar las piedras más enormes sobre las tumbas de los más ricos, porque es de quienes más puede temerse que lamenten dejar la herencia a sus sucesores e intenten recuperar lo que han perdido. Los poderosos bloques que, por razones de seguridad, se colocan sobre ellos naturalmente, con una astucia que se engana a sí misma, son disfrazados de monumentos de honda veneración".
Hombre de cultura, autor de culto. Para mí uno de los más grandes. De esos de los que hay que tener, y beber de ella, su obra completa.