Terminé de leer En busca del tiempo perdido 4, Sodoma y Gomorra, de Marcel Proust.

Cuarta aventura de leer de este homenaje descomunal a la memoria que es En busca del tiempo perdido. Y, al igual que las anteriores, y tal como seguro que serán las siguientes, es un enorme deleite recorrer las más de seiscientas páginas sin puntos y aparte de esta novela.
Nuestro joven protagonista, un tanto egoísta, todo hay que decirlo, pero no por ello menos atractivo, nos habla más del Barón de Charlus, un aristócrata homosexual, que de sí mismo, al mismo tiempo que anda preocupadísimo por las inclinaciones lésbicas de su compañera Albertina. Sí, es cierto, Sodoma y Gomorra pivota en torno al "vicio", como se conceptualiza en el texto, de la homosexualidad, teniendo en cuenta que está ambientada a principios del siglo XX.
En cualquier caso, la lectura de Proust es maravillosa, todo un placer recorrer con la vista su impresionante capacidad para describir cada paisaje y cada gesto, sin perder ni el más mínimo detalle. Hay que tener muchísimo talento para lograr algo así. Quizá, es por eso que En busca del tiempo perdido es una obra cumbre de la literatura.
No apto para quienes buscan una lectura fácil y rápida. Creo que Proust habría tenido serios problemas para encontrar editor en estos tiempos.
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