Terminé de leer
Vértigo, de W. G. Sebald.

Otra verdadera aventura de leer de Sebald, para mí la mejor prosa del siglo XX. Me encanta hasta la indecible. Leerle es como navegar en una barca por un plácido lago mientras otro en el que confiamos plenamente rema.
Tiene tal cuidado al elegir las palabras que ninguna está de más ni se echa en falta otras. Y lo hace de un modo aparentemente fácil, casi descuidado. Nada desentona. Se podría caminar sobre la alfombra de sus frases con la absoluta certeza de que jamás se tropezaría porque nada sobresale ni nada se hunde.
Vértigo es su primera novela. En ella el protagonista es un caminante, un viajero que procura emplear sus piernas para ir de un lado al otro, aunque debe utilizar el tren y el autobús para mayores desplazamientos. Y mientras camina, nos invita a compartir sus pensamientos, sus conocimientos sobre el arte y la historia que destila el paisaje a su paso. Hasta que llega a su pueblo natal, donde hace treinta años que no pone pie. De ese entrañable lugar nos muestra sus gentes, sus pequeñas historias, sus tragedias, sus grandezas.
El vértigo proviene de las ansiedades, que son unas cuantas del viajero, una fobia que supera simplemente, y nada menos, que dando un paso detrás de otro, pensando en ello lo suficiente para describirnos sus sensaciones, pero sin recrearse en la dolencia, como no se puede hacer de otro modo en esta vida.
Sebald convierte el viaje en literatura y, aunque sea fácil el simil, la literatura en viaje. Lo hace de un modo fluido, suave, sin ninguna estridencia. Una mochila en la espalda y bellos pensamientos en ella.
El narrador del texto se llama W. G. Sebald pero es un personaje de ficción porque ficción es lo que narra. Al mismo tiempo, es un personaje sólidamente construido, un solitario con problemas de sueño, un punto agorafóbico y aspecto siempre de extranjero. Muy sugerente.
La muerte de este gran autor en un accidente de automóvil nos privó de una brillante carrera literaria aunque las obras que dejó tienen una contundencia increíble.
Como siempre, maravilloso y no pararé hasta leerme entera toda su producción literaria.