Terminé de leer Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño.
Comencé esta aventura de leer con cierta aprehensión pues había escuchado o leído comentarios acerca de la obra de Bolaño en un tono tan elevado y vehemente que me hacía desconfiar, aunque sólo sea por un ánimo rebelde, por llevar la contraria, vamos. Basta ser que algunos digan que un escritor es increíblemente bueno para que yo lo ponga en cuestión. Así que encaré estas páginas con precaución y prudencia, pero también con mucho interés.
Y la verdad es que Los detectives salvajes es una novela que no sólo me ha seducido sino que me ha hecho vivir una de las más fantástcas aventuras de leer que recuerdo. Me he devorado sus seiscientas páginas paladeando un delicatesen literario. Creo que es un texto digno de ocupar un puesto entre las mejores obras contemporáneas (¿Y por qué no ir más lejos?).
En mi opinión, Bolaño despliega un talento genial en la construcción de esta novela, al alcance de muy pocos novelistas.
Elabora una estructura en la que múltipes narradores, en múltiples escenarios y múltiples momentos, no cuentan las peripecias (y son muchas) de un grupo de jóvenes poetas modernistas, los real visceralistas, buscando a otra poeta que apenas dejó rastro. Es como un puzle gigantesco en el que todas las piezas encajan con precisión y según se completa la imagen total, el deleite literario es asombroso.
Algunos de los fragmentos funcionarían de modo independiente como relatos magistrales.
En fin, una novela memorable. Ya figura entre mis favoritas de siempre.
He leído la edición de Anagrama del año 2000, de 622 páginas.
1 comentarios:
Y yo que no he leído nada de este hombre...
A ver si me pongo las pilas!!
Besotes
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