Terminé de leer Un mundo feliz, de Aldous Huxley.
Novela publicada en por primera vez en 1932 y que, sin embargo, bien podría pasar por una obra de nuestros días.
En ella, un futurista mundo perfecto, en el que nadie tiene de qué preocuparse porque las necesidades humanas han desaparecido gracias a un tecnológico trabajo de laboratorio, que crea humanos según las labores a las que van a dedicarse, no es mostrado como el sumum de la estabilidad y el equilibrio sin conflictos, ni personales ni sociales. Un mundo en el que las actitudes individualistas han sido eliminadas mediante el condicionamiento de todos los seres desde que son creados en las probetas. Un mundo sin pasión y sin inquietudes del alma, donde nadie se siente solo ni se conciben el aburrimiento ni la desdicha.
Sin embargo, sus estructuras se ven ligeramente cuestionadas por la presencia de un salvaje, un individuo nacido de modo natural, que es visto como un especimen a investigar, una extravagancia que se enfrenta a ese mundo plastificado en el que la esencia humana ha sido sacrificada en pos del status quo.
Una obra para la reflexión y que plantea dilemas que aún no hemos resuelto.
Una novela magnífica, además.
He leído una versión digital de 166 páginas.
1 comentarios:
Lo leí hace mil, ¡me encantó! No estaría mal una relectura.
bsos!
Publicar un comentario en la entrada