martes, 3 de julio de 2012

Jaraguá

Terminé de leer Jaraguá, de Napoleón Rodríguez Ruíz.

Aprovechando un viaje reciente a El Salvador, pregunté a mis amigos salvadoreños qué libro de los escritos por un compatriota me recomendarían. Unánimemente me indicaron Jaraguá, de Napoleón Rodríguez, así que me planté en la librería más cercana y me hice con un ejemplar, constatando que se trataba de una décimocuarta edición, con lo que la sugerencia tenía todos los visos de ser acertada.

Jaraguá es un hermoso cuento sobre la nobleza de un hombre de nombre Nicasio, pero al que desde su más temprana edad le dan el apodo de Jaraguá, que no es sino una planta que se cultiva para dar de comer al ganado y que tiene la particularidad de crecer en cualquier parte y en cualesquiera condiciones, lo que encajaba perfectamente con el temperamento de Nicasio ya en su niñez.

Ambientado en los duros campos de El Salvador, donde los campesinos y ganaderos, gente dura pero humilde y noble, tratan de extraer de su amada tierra el fruto de su subsistencia con el sudor de su frente y la sangre de sus venas. Y es que el dramatismo del escenario contagia necesariamente las vidas de sus habitantes, hasta el punto de que la muerte está presente en todo el texto como una elemento más de su realidad. Al mismo tiempo, cuanto más exigente es la tierra con sus gentes, mayor es la generosidad que estas derraman.  

Escrito con gran profusión de imágenes poéticas, Napoleón nos sumerge con pasmosa facilidad en ese mundo agreste y despiadado de la vida por la supervivencia.

Los diálogos, además, han de ser leídos con calma pues están escritos al modo en que hablan los personajes, con sus dejes y sus acentos, característica literaria que le otorga un valor añadido a la novela.

No se le escapa al lector, por otra parte, el carácter idealizado que el autor otorga a sus personajes, en los que los indios salvadoreños son la imagen pura de la nobleza humana, y en la que el elemento extranjero (dícese incluso de los habitantes de la ciudad), pero sobre todo los españoles, son la plaga que convierte al ser humano en un ser mezquino y egoísta, símbolo de todo lo malo del hombre.

Napoleón Rodríguez escribe esta magna obra para mayor gloria de su país y su gente. Literariamente lo consigue. Es libro de texto obligado en El Salvador.

Una obra en definitiva interesante y hermosa.

He leído la 14ª edición de Uca Editores, del 2009 con 419 páginas.

1 comentario:

Gabriela Reina dijo...

Hola verdad, soy salvadoreña y si esa obra es una belleza yo la he leído muchas veces, me encanta su contenido y ademas como describe los paisajes mencionado que es como si te transportase al mismo lugar donde ocurrieron los hechos.