martes, 21 de febrero de 2012

Tarántula

Terminé de lee Tarántula, de Thierry Jonquet.

Me dejaron este libro sin darme mayor información sobre él que la que podía observar en las pastas, sin carátula, del libro, es decir, sólo título y autor. El título es un bicho y del autor no sabía nada.

Se lee en un par de horas y en ese tiempo me encontré con una trama, aunque basada en el horroroso recurso de la coincidencia, de tan nefasto efecto en literatura, muy intrigante y con unos giros realmente intensos y geniales, con lo que el interés por saber qué sucederá al final está garatizado. Muy atractiva, quizá retorcida, pero sugerente en extremo.

Técnicamente es otra cosa. La naración cambia el punto de vista de un personaje a otro de forma aleatoria. Se ve que no es un efecto buscado por el ator, sino que no ha controlado el modo de exponer su historia. Una parte, incluso, está narrada en segunda persona del singular, algo difícil de manejar tanto por escritor como por lector. Los diálogos, aunque no hay muchos, son forzados. No es una narración natural y eso se nota.

El hecho de que sea un novela breve, lejos de ser una pega, creo que es su mejor virtud.

En definitiva, el libro descansa en una trama plena de intriga, muy interesante, típica de los bestseller de estantería y escaparate, pero no es literatura de calidad. Siempre en mi opinión, que quede claro.

Al acabar la novela descubrí que era el texto en el que se ha basado Almodóvar para su reciente película La piel que habito, lo que ha estimulado mis deseos de verla porque, seguro, que estará mejor contada que el texto de Jonquet, y con una trama muy del gusto del genial director y de su público.

He leído la edición de Círculo de Lectores de 2007, de 135 páginas.

viernes, 17 de febrero de 2012

La felicidad de los ogros

Terminé de leer La felicidad de los ogros, de Daniel Pennac.

Primera novela de este autor que me ha sorprendido por su desparpajo y frescura al escribir, a pesar de lo absurdo, en cierto modo, de su trama. Un individuo, que hace de padre de sus muchos hermanos y quetrabaja como chivo espiatorio (el que se lleva las broncas para apaciguar a los clientes insatisfechos) en unos grandes almacenes, se ve inmerso en una trama terrorista contra esos mismos almacenes.

El cambio constante de objetividad subjetividad en la narración a veces despista un poco pero se le pilla el tranquillo.

Una lectura ligera sin muchas más pretensiones.

Aconsejable.

He leído la edición de Mondadori del 2000, de 228 páginas.

jueves, 16 de febrero de 2012

Un mundo feliz

Terminé de leer Un mundo feliz, de Aldous Huxley.

Novela publicada en por primera vez en 1932 y que, sin embargo, bien podría pasar por una obra de nuestros días.

En ella, un futurista mundo perfecto, en el que nadie tiene de qué preocuparse porque las necesidades humanas han desaparecido gracias a un tecnológico trabajo de laboratorio, que crea humanos según las labores a las que van a dedicarse, no es mostrado como el sumum de la estabilidad y el equilibrio sin conflictos, ni personales ni sociales. Un mundo en el que las actitudes individualistas han sido eliminadas mediante el condicionamiento de todos los seres desde que son creados en las probetas. Un mundo sin pasión y sin inquietudes del alma, donde nadie se siente solo ni se conciben el aburrimiento ni la desdicha.

Sin embargo, sus estructuras se ven ligeramente cuestionadas por la presencia de un salvaje, un individuo nacido de modo natural, que es visto como un especimen a investigar, una extravagancia que se enfrenta a ese mundo plastificado en el que la esencia humana ha sido sacrificada en pos del status quo.

Una obra para la reflexión y que plantea dilemas que aún no hemos resuelto.

Una novela magnífica, además.

He leído una versión digital de 166 páginas.

lunes, 13 de febrero de 2012

Conversaciones con Marcel Duchamp

Terminé de leer Conversaciones con Marcel Duchamp, de Pierre Cabanne.

Entrevista realizada al inventor del arte contemporáneo, el francés Marcel Duchamp, realizada en 1966, en la que el autor, difícil de clasificar en una disciplina, descubre su lado creativo y su lado humano, sin que puedan separarse finalmente uno de otro.

Huyó toda su vida de la obra retiniana, dirigida al gozo estético que aprecia el ojo humano, para esmerarse en el conceptismo.

Prototipo de cuantos artistas se consideran encaminados a romper con las reglas dadas en el arte, Duchamp se nos muestra con el desparpajo y la sinceridad propios de quien lleva más de setenta años de peripecias encima. Huyó, sin embargo, de la vida del artista empeñado en exponer y en ganar dinero con sus obras. Como dice él, vivió más como camarero que como artista.

Curioso es que en vida no se hubiese celebrado ninguna exposición total de su obra en Francia, que sí en Estados Unidos, pais que le dio su nacionalidad. Algunas de sus obras son verdaderos iconos del arte contemporáneo.

Muy interesante y la edición, muy cuidada.

He leído la edición de Anagrama, de 1972, de 107 páginas.

Los detectives salvajes

Terminé de leer Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño.

Comencé esta aventura de leer con cierta aprehensión pues había escuchado o leído comentarios acerca de la obra de Bolaño en un tono tan elevado y vehemente que me hacía desconfiar, aunque sólo sea por un ánimo rebelde, por llevar la contraria, vamos. Basta ser que algunos digan que un escritor es increíblemente bueno para que yo lo ponga en cuestión. Así que encaré estas páginas con precaución y prudencia, pero también con mucho interés.

Y la verdad es que Los detectives salvajes es una novela que no sólo me ha seducido sino que me ha hecho vivir una de las más fantástcas aventuras de leer que recuerdo. Me he devorado sus seiscientas páginas paladeando un delicatesen literario. Creo que es un texto digno de ocupar un puesto entre las mejores obras contemporáneas (¿Y por qué no ir más lejos?).

En mi opinión, Bolaño despliega un talento genial en la construcción de esta novela, al alcance de muy pocos novelistas.

Elabora una estructura en la que múltipes narradores, en múltiples escenarios y múltiples momentos, no cuentan las peripecias (y son muchas) de un grupo de jóvenes poetas modernistas, los real visceralistas, buscando a otra poeta que apenas dejó rastro. Es como un puzle gigantesco en el que todas las piezas encajan con precisión y según se completa la imagen total, el deleite literario es asombroso.

Algunos de los fragmentos funcionarían de modo independiente como relatos magistrales.

En fin, una novela memorable. Ya figura entre mis favoritas de siempre.

He leído la edición de Anagrama del año 2000, de 622 páginas.

miércoles, 1 de febrero de 2012

La náusea

Terminé de leer La náusea, de Jean-Paul Sartre.

Primera obra de tintes filosóficos de Sartre, que contaba entonces casi treinta años e hizo célebre al personaje Antoine Roquentin, un joven de, ahora sí, treinta años, que vive de las rentas y pretende escribir un libro de historia sobre un personaje de la corte del siglo SVIII.

Su soledad, su carácter taciturno y reflexivo y una capacidad de observación penetrante, propia del escritor que acabará siendo, le llevan al, podríamos decir, momento de exaltación mística del que acaba de saber cuál es su lugar en el mundo y la esencia del existir en él.

Escrito a modo de diario, con descripciones aplastantemente exactas, Antoine nos muestra su aburrida vida en una pequeña ciudad de la costa francesa, una ciudad imaginada, cuyas rutinas van desde el paseo por sus calles a la visita a sus cafés donde suele escribir o a su labor en la bibliteca y las visitas al museo de la localidad donde ve interactuar, porque sus interacciones son mínimas, siempre aparte, a los paisanos que con él comparten espacio y tiempo.

Sirva de ejemplo de su modo de describir la siguiente cita:

En las iglesias, a la luz de los cirios, un hombre bebe vino delante de mujeres arrodilladas.

Me encanta.

En el momento del clímax de la revelación, Sartre nos muestra lo absurdo de la vida cotidiana, lo irreal de nuestros hábitos, el sinsentido del mundo que nos hemos construido y que nos ciega ante la verdadera existencia, quizá influido por los pensamientos de Heidegger sobre el Ser y el Tiempo.

Muy interesante y un placer su lectura.

Leída la edición de EL PAÍS, de 2002, de 271 páginas.